Sangre, vida y muerte | Patricia Martínez

Ensayo fotográfico de Patricia Martínez

 

 

Morir por desangramiento es uno de mis mayores temores, la sangre juega un papel fundamental en mis series fotográficas, la represento con granos rojos, esto por dos razones: primero porque mis imágenes concentran la simultaneidad de la vida y la muerte, y segundo, porque he tomado como inspiración para mis fotografías el diálogo “El huésped” de Cesare Pavese, allí claramente se habla de la sangre como sacrificio y alimento para la tierra. En lo que concierne a la sangre y la tierra hay mucha tela que cortar, por tal motivo he preparado el siguiente ensayo que profundiza en el tema:

Hablan la espiga y la vid

En los misterios eleusinos se habla acerca de dioses que entraron en contacto con las profundidades del Hades, estos dioses son Dionisio y Deméter (también se habla de Cora o Perséfone y su consorte Hades). La historia nos dice que fue en Eleusis dónde Deméter encontró a mortales (como Triptolemo) que le informaron del rapto de su hija, según el mito ella “bajó al inframundo a través del mismo abismo que se tragó a Perséfone” (Los dioses griegos de Kerényi. P.241). “El misterio”, de Cesare Pavese, es un diálogo que ocurre en un tiempo previo a la inauguración de los misterios eleusinos.

Es probable que los misterios que se contaban en Eleusis tratasen de la errancia de Deméter por el inframundo en busca de su hija. De haberse conservado estas historias “tendríamos más información sobre el Reino de los muertos. Pues en nuestra mitología, los relatos sobre el Inframundo estaban usualmente relacionados con historias relativas a los viajes al Reino de los Muertos realizados por divinidades o héroes particulares” (Los dioses griegos de Kerényi. P.241-242). No nos queda duda de que el descenso de la diosa es todo un misterio, incluso para Kerényi (un iniciado en los misterios eleusinos): “es poca la información que tenemos sobre el descenso de Deméter” (Los dioses griegos de Kerényi. P. 242).

Entre hombres y dioses hay grandes diferencias, esto quizás sea porque ellos (los dioses) no saben lo que es el tiempo, esa distancia se aprecia mejor cuando Deméter dice: “adquirimos la costumbre de ser eternos” (Diálogos con Leucó de Pavese. P.194). El hombre es lo que es, por su condición de mortal, transforma todo lo que roza en tiempo y recuerdo. Deméter habla del hombre y asegura que: “Todo aquello que tocan se vuelve tiempo. Se vuelve acción. Espera y esperanza. También morir para ellos significa algo” (Diálogos con Leucó de Pavese. P.194). Puede que apenas dejemos huella sobre la tierra, pero eso es suficiente para llenarnos de recuerdos y de tiempo, lo único certero para el hombre es que un día llegará la muerte, no sabemos cuándo, porque nadie conoce su destino, lo que sí sabemos es que el tiempo para nosotros es reducido. Considero que para hablar de la muerte no hay nada más pertinente que un poema que escribió Pavese en 1950 (el mismo año de su muerte), el poema se titula “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”:

Para todos tiene la muerte una mirada.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Será como abandonar un vicio,

Como ver en el espejo

Reaparecer un rostro muerto,

Como escuchar unos labios cerrados.

Descenderemos al abismo mudos. (Poemas de Pavese. P.53).

A ese abismo iremos todos, de eso que no nos quepa duda. Tanto en ese poema como en “El misterio”, Pavese nos hace ver que lo único certero en nuestra vida es la muerte. Pareciera que no se puede conversar acerca de la muerte sin hacer referencia a la sangre. De este modo habló Deméter (la tierra) acerca de los sacrificios: “Aún hoy el homenaje más valioso que saben hacernos es derramar sangre. (…) nos han encontrado en la sangre. Si para ellos es el fin y el principio, tenían que matarnos para vernos renacer” (Diálogos con Leucó de Pavese. P.196). El sacrifico es tributo de sangre que pide la tierra a cambio de una buena cosecha. En “El huésped” la tierra se nutre de la sangre que ella misma ha alimentado, al menos eso piensa Litierse: “¿Si no nutres a la tierra, cómo puedes pedirle que te nutra a ti? (…) La sangre que la Madre nos ha dado se la devolveremos en sudor, en excremento, en muerte” (Diálogos con Leucó de Pavese. P.130-132).

Hay algo de inmortal en el sacrificio, no es una muerte del todo, morir es más bien regresar de donde hemos salido, tal como dice Hércules: “Si he comprendido bien, no es morir sino volver a la Madre”. (Diálogos con Leucó de Pavese. P.133), pero también se parece a eso que dijo la ninfa Britomarte: “Es morir para una forma y renacer para otra” (Diálogos con Leucó de Pavese. P. 86). Pavese habla de una constante transformación, ciertamente es un renacer porque esa sangre esparcida volverá a vivir con el trigo que nacerá de los campos, entonces, habrá un hombre en cada bocado de pan del que nos alimentemos. Estos sacrificios ocurrían en tiempos remotos, una vez al año en los campos de Cilene se sacrificaba a un huésped o a un sirviente, a estas matanzas sólo se les puso fin con otra muerte, con la sangre de Litierse, así se devuelve a la tierra todo lo que generaciones y generaciones de Litierses habían tomado de ella.

Pero en los tiempos que corren los dioses ya no reclaman sangre, Dionisio dice: “no creas, Deo, que vale más su sangre que el trigo o el vino con que la nutrimos. La sangre es vil y mezquina. (…) ¿Pero qué quieres que les demos? De cualquier cosa harán sangre” (Diálogos con Leucó de Pavese. P.196-197). El hombre no derrama sangre únicamente en sacrificio, sin duda las guerras se han llevado más almas que las cosechas, los dioses no entienden por qué los hombres se matan entre ellos, no hay una explicación para esto; no obstante, Dionisio dice: “Dado que son mortales, le dan un sentido a la vida matándose”. (Diálogos con Leucó de Pavese. P. 197).

“Todo aquello que tocan se vuelve tiempo. Se vuelve acción Espera y esperanza” (Diálogos con Leucó de Pavese. P.194), pero el hombre a veces destruye lo que toca, matan a sus semejantes, oigamos lo que tiene que decir la diosa, Deméter: “Morirán y habrán vencido a la muerte. Verán algo más que sangre. Nos verán a nosotros” (Diálogos con Leucó de Pavese. P. 199).

¿Qué podían contarnos los dioses para darle sentido a nuestra existencia? En el diálogo, Deméter quiere hablar con los hombres, “Enseñarles que, así como el trigo y la vid descienden al Hades para nacer, la muerte es para ellos una nueva vida. Darles este cuento. Conducirlos mediante este cuento. Enseñarles un destino que se enlace con el nuestro” (Diálogos con Leucó de Pavese. P.199). La vida y la muerte son ciclos naturales, la cosecha nace, el hombre la recoge y muere, es un ciclo, un “evento mítico” que se repite cada año, Pavese una vez dijo:

La uva, el trigo, la cosecha, las gravillas, habían sido dramas, y contarlos con palabras era como rozar sensaciones profundas en las que se agitaban la sangre, los animales, el pasado eterno, el inconsciente. El animalito que huía en medio del trigo era espíritu y tú fundías lo ancestral con lo infantil y tus recuerdos de los misterios y de los temblores campesinos, adquirían un sentido único y sin fondo. (Diálogos con Leucó de Pavese. P. XIX).

Pero si se despoja a la naturaleza de su carácter mítico, ¿qué nos queda? Perderíamos lo sagrado, por ello Deméter quiere enseñar a los hombres los misterios, antes de que llegue un culto nuevo que los reducirá a ser meramente pan y vino. Dionisio también sabe que vendrá ese nuevo culto, por ello habla de la siguiente manera: “una vez que el trigo y la viña tengan el sentido de la vida eterna, ¿sabes qué verán los hombres en el pan y el vino? Carne y sangre, como ahora, como siempre. Y carne y sangre manarán, ya no para aplacar a la muerte, sino para alcanzar la eternidad que les espera” (Diálogos con Leucó de Pavese. P.199). Pero en fin, “Tomad y comed todos de él…”. Si ponemos atención al mito de Dionisio, veremos que la Eucaristía cristiana ha tomado un préstamo del mito, la historia órfica dice lo siguiente:

Hera, celosa (…) había instigado a (…) Los titanes (…) atacaron al niño retozón, lo despedazaron en siete trozos, que arrojaron luego a un caldero sobre un trípode. (…) Zeus se apareció en la comida de los titanes, atraído por el olor de la carne asada; con el rayo arrojó al Tártaro a los titanes. (…) En el relato original las partes cocidas del dios fueron quemadas, a excepción de un solo miembro; y podemos suponer que la vid brotó de las cenizas. (Los dioses griegos de Kerényi. P.251-252).

El cristianismo no podía prescindir del pan y el vino, por eso los ha incorporado a su historia, también los ha transformado, por ello los dioses ya no son llamados por sus muchos nombres “Baco, Iaco, Dionisio”, ahora son nombrados como “sangre de Cristo”, a Deméter ya no se le llama “Gea, Rea, Deo, Da, Madre tierra o Deméter”, ahora se le conoce como “cuerpo de Cristo”.

 

REFERENCIAS

 

KERÉNYI, Karl. Los dioses griegos. Monte Ávila Editores Latinoamericana. Caracas (1997).

Pavese, Cesare. Diálogos con Leucó. Fundación editorial el perro y la rana. Caracas (2008).

Pavese, Cesare. Poemas. Fondo editorial Fundarte. Caracas (2011).

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