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Las vueltas a la pertenencia | RICARDO ARMAS

En relación con su trabajo personal, Ricardo Armas es fundamentalmente un fotógrafo de raíces. Siempre lo fue desde su primer trabajo publicado en el Libro Venezuela (1978) y luego con “El Grupo” (Ricardo Armas, Alexis Pérez Luna, Vladimir Sersa, Jorge Vall, Fermín Valladares), cuando publicaron “Letreros que se ven” (1979) , una investigación sobre los letreros observados en las calles del país. Buscando una identidad era la consigna. Hijo de Alfredo Armas Alfonzo nació inmerso en la escuela de la memoria, las raíces, la identidad del venezolano del pueblo. Por supuesto esto lo marcaría a través del tiempo, por bastante tiempo.

Su primera ruptura, si así se puede considerar, fue cuando viajó a Nueva York, becado por la Mariscal de Ayacucho a estudiar fotografía. Escogió el famoso ICP (International Center of Photography) y algo de NYU (New York University). Pasaron cinco años asimilando todo lo que podía de la técnica fotográfica y de la organización de un discurso. Supo de la historia de la fotografía internacional, los grandes maestros… Pero su corazón y sus raíces permanecían en el país y paseando por los parques neoyorquinos buscaba encontrar nuevamente la naturaleza, los árboles, la frondosidad vegetal que había dejado atrás. Así hizo sus imágenes de esos primeros años de los ochenta que luego expuso en la galería El Daguerrotipo (en la actual exposición vemos otras imágenes de esa época (1982) que nunca había mostrado). Eran en blanco y negro, con copias de un laboratorio perfecto.
Regresa a Caracas, luego de cinco años y siempre con ese anhelo de país decide abrir una escuela de fotografía que llamó Manoa. Quiere devolverle a Venezuela lo que ésta le había permitido conocer y experimentar. Fue una escuela estupenda. Solamente 8 alumnos por grupo. Trató de transmitir todo lo que había aprendido, además de invitar a sus alumnos a la participación personal en sus obras. Saber elaborar un discurso era otro objetivo de su enseñanza. Reconocidos artistas-fotógrafos como, entre tantos otros, Alexánder Apóstol, Amalia Caputo, Andrés Manner, Ramón Lepage, Sara Maneiro, Ana María Ferris, Guillermo Yavorsky, Ricardo Alcaide… salieron de esta maravillosa experiencia, en ese entonces, única en el país. A la vez, trabaja en varios museos, organizando archivos, cuidando la memoria, haciendo fotografías.
Pero un cambio de camino le esperaría en los años venideros. En 1996, por decisiones personales decide vivir en Nueva York y allí criar su familia. Hace publicidad y trabaja como vendedor en una tienda de cámaras (la vieja Olden Camera de B’way). Puede entonces comprar una casita donde vive ahora con su familia en Brooklyn South. Poco a poco los avatares de la vida surcan su marcha neoyorquina y las raíces de su transitar norteamericano también se van formando. Con una pequeña cámara injerto de Lumix-Leica-Panasonic camina las calles digiriendo con la vista a esa vertiginosa ciudad y ésta le brinda lugares que ahora ya pertenecen a su memoria. Lee mucho, fundamentalmente a Javier Marías y el mago de esa urbe que es Paul Auster. Ahora da clases en el Pratt Institute of Design, y es ayudante en N.Y. del fotógrafo colombiano, J.M. Echavarría. La ciudad finalmente se hace suya.
“Dilatación voluntaria del iris”, exposición en vertical y a full color que nos brinda actualmente Ricardo Armas en el Cubo 7, Secadero 7 de la Hacienda La Trinidad es el resultado de la experiencia de nuestro maestro y particular fotógrafo venezolano, por mostrar unas raíces enriquecidas.

María Teresa Boulton

 

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