GLADYS CASTILLO MARIÑEZ | AL RESCATE DE LA FOTOGRAFÍA TAURINA

GLADYS CASTILLO MARIÑEZ

AL RESCATE DE LA FOTOGRAFÍA TAURINA

 

Por Víctor José López

         EL VITO

 

En el enjambre de la Comunicación la fotografía taurina ha ido convirtiéndose en la memoria gráfica de la Fiesta, aprisionando instantes fundamentales cuando la expresión del toreo era un pedazo de papel amarillo y borroso, hasta nuestros días, cuando hay suertes que se ralentizan y se convierten en eternas al imprimirse en los fotogramas de los testigos más severos que con sus cámaras paralizan los instantes y los convierten en reveladores documentos gráficos.

La invención de la fotografía, 1839, se tropezó con el elemento taurófilo como un valor histórico y documental, el que al paso del tiempo transcurrido se ha valorizado considerablemente. La fotografía taurina es importante referencia para las generaciones que no pudieron contemplar los personajes y los acontecimientos, reafirmando su categoría de documento.

En Venezuela la fotografía taurina no ha sido tomada en consideración, a pesar  que han sido los mejores  reporteros gráficos,  de los más importantes diarios del país,  los autores de documentos que desde mediados del siglo XX capturaron con sus cámaras referencias que mucho tienen que ver con la formación de la nación.

Hubo sí grandes esfuerzos por catalogar este trabajo anárquico, un ordenamiento que se lo debemos a  un valor de la información y de la comunicación,  a quien nunca le hemos rendido el merecido reconocimiento. Nos referimos a Carlos Eduardo Misle Wittmer, un caraqueño hueso colorado, hijo de aragüeños descendientes de teutones,  quienes entre sus pertenencias cuando llegaron como inmigrantes a La Victoria trajeron en sus alforjas el respeto por las tradiciones. Un respeto que Caremis convirtió en misión vocacional, construyendo su Corototeca, institución que preserva la Hemeroteca de El Universal de Caracas para gloria de este gran periodista, y en honor de quien fuera un distinguido venezolano.

Caremis fue el primero en coleccionar los trabajos de los fotógrafos, desde el gran Lessman hasta el gordo Villa, y en sus primeros pasos como periodista se apoyó en los grandes de la cámara, El Gordo Pérez, Sardá, Villa, Noriega, Grillo, Irazábal, Messuti, Moreno, Saravia, César Obertein, El Pollo Sosa, García Solís, El Chino Castillo, muchos maestros del lente como medios de información existían, dándole a la Fiesta sitio preponderante en la información nacional.

Sin embargo la importancia de la gráfica en los espectáculos venezolanos comenzó a perder espacio debido a la escasa presencia del toro en la plaza. La fotografía denunciaba la complicidad de los espadas y de la autoridad con el fraude ganadero, sobre el que se sostiene la mojiganga que llamamos Fiesta de Toros en Venezuela.

El espacio perdido por los fotógrafos no ha sido recuperado por los aficionados, y los grandes de la cámara, como en sus días fueron don Andrés Boulton o Enrique Lander Avendaño, no volvieron a revelar los documentos que dejaban constancia del toreo nacional, una Fiesta que llegó a fascinar a artistas de la talla de Juan Lovera, don Arturo Michelena y Tito Salas entre los académicos, y más tarde los geniales Armando Reverón y el venezolano más universal de todos, el maestro Jesús Soto.

Maracay ha sido, y ahora más que nunca lo es, bastión importante en el rescate de los valores que identifican y han formado el perfil del venezolano, y la Fiesta de los Toros no podía quedar desamparada, a la deriva, en estos momentos de tan honda crisis que vive el toreo nacional. Considerando la afición de Aragua la importancia documental que significa la fotografía taurina, se creó en la Plaza de Toros de la 19 de Abril una Galería, misma que fue bautizada con el nombre de un personaje muy querido  como César Obertein. Un fotógrafo valioso por su contribución en la afirmación de lo venezolano y  por su lucha en aras de la exaltación de los valores estéticos de lo nacional en la Fiesta de los Toros.

Hoy, y ante las calamidades expuestas en anteriores párrafos, nos sentimos muy orgullosos por el atrevimiento de una joven artista, de una comunicadora, de una fotógrafa dedicada a la Fiesta de los Toros como Gladys Castillo Mariñez de exponer su trabajo en sus breves años de profunda experiencia en la Galería César Obertein de la Plaza de Toros de Maracay.

Conocí a Gladys por sus trabajos. Excelentes fotografías llenas de originalidad. Rompiendo moldes tradicionales, se atrevió salir de las plazas grandes y tomar la carretera de quienes sueñan. En aquellas talanqueras de pueblos, plazas inventadas en veredas impenetrables o salpicadas por al romper las olas del mar contra las ilusiones de aspirantes a toreros, estaban también sus sueños con sus cámaras y sus lentes.

No se si Gladys expondrá aquel retrato maravilloso que sólo ella captó en el Patio de Caballos de la Monumental de Valencia, pero que nos impresionó grandemente. Como llegaron a sorprendernos los claroscuros de los primitivos  Biedma y Plugas de Barcelona.

Nos referimos a los seis espadas, aquellos seis hombres ya pasados de edad reunidos en Valencia y atados por esa incombustible ilusión que calienta los corazones de todo aquel que algún día quiso ser torero. Seis rostros curtidos por diversos guiones adversos, que demuestran la profundidad artística de Gladys Castillo Mariñez, que además del tino en la construcción del grupo, supo bañarlos con las mismas tonalidades que imprimieron en sus días las telas de los caminos de la seda en la senda de lo inesperado. Porque los fantasmas que imperceptibles se mueven en los patios de caballos ante de los paseíllos, son los fantasmas de lo inesperado y sólo los artistas como Gladys Castillo Mariñez son capaces de imprimirlos y hacerlos visibles.

Aunque no hay fantasmas en esta Galería, sí  hay  expectativa por descubrir un nuevo camino que debe tomar la Fotografía Taurina en Venezuela, dignificando al toro y convirtiéndose en imprescindible documento de valor histórico. 

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