Adoptar el mundo | TERESA CARREÑO

Lo primero que me vino en mente cuando Teresa Carreño me mostró su último trabajo El cuerpo habitado El Mundo, fue relacionarlo con los célebres trabajos de Cindy Sherman, mundialmente reconocida fotógrafa y artista norteamericana.

En efecto, Sherman, como Carreño, utiliza imágenes muy conocidas de la iconografía de la historia para adoptarlas e interpretarlas. Por ejemplo, Sherman en dos trabajos, el primero basado en las fotos fijas de películas populares (Stills) y el segundo inspirado de famosos retratos de la historia del arte occidental (History Portraits) utiliza, convenientemente su propia imagen. En la primera instancia, para recrear situaciones popularmente conocidas para el público norteamericano como son películas que todos han visto. Esto tiene un efecto “posmoderno” de apropiación personal de lo público. En segunda instancia -la de los retratos históricos- la interpretación es intencionalmente grotesca e irritante, pues deforma con prótesis plásticas (una nariz deforme, unos senos súper abultados, un antifaz o máscara…) el retrato original, sin embargo es siempre Cindy S. la que está detrás de la imagen, personalizando la creación, quizás también como una burla a la historia y al “Arte”. Estos trabajos fueron hechos en la década de los setenta en EE UU, y para esa fecha fueron reveladores y desmistificadores. De hecho, a partir de entonces (aunque en el siglo XlX los artistas y fotógrafos habían utilizados alegorías iconográficas para recrear teatralmente -con personas de la familia- imágenes conocidas; entre otras, acordémonos de las fotografías de la inglesa Margaret Cameron y de nuestro venezolano P.I. Manrique) un nuevo modo de inmiscuirse en la obra ajena se concibió.

Los trabajos de Teresa Carreño, aunque puedan recordar la obra anterior son, diametralmente diferentes. Es verdad la autora está tímidamente presente (es ella la que se “viste” de la situación) pero en algunos casos esto apenas se advierte pues como Teresa aclara, es ella la que se encuentra detrás de la situación, pero nunca con intención de hacer “autorretratos”. Y es en esa presencia física autoral que quizás se parezca más a Sherman. Es más cómodo (no hay que buscar actores ajenos) para ambas fotógrafas utilizar su propia imagen o cuerpo para recrear la situación. No obstante, Sherman adopta, como referencia inicial, una iconografía “querida”, tanto en las populares películas como en la “venerable” historia del arte.

Carreño es mucho más política; como ella aun expresa, el espíritu de su obra proviene “de su conciencia social” adquirida por la larga experiencia en el ámbito del fotorreportaje. Así las imágenes, también muy conocidas, se inspiran del “horror”: la muerte, la guerra, la desesperación (como buena indagadora del mundo). Esas fotografías de prensa que hemos visto en tantos periódicos, programas de televisión… y nos han conmocionado para pensar: ¿Es que acaso puede ser esto posible? Imágenes para también formar conciencia de nuestro género humano. Género que, según la ciencia, es el único que ha tenido conciencia de “sí” como ser evaluador y por consiguiente conciencia del “otro”. Lamentablemente, en muchos casos, percepción discriminatoria.

El primer trabajo de esta aventura pública y fotográfica de T.C. que titula ArtCrónica reproduce, con casi imperceptible intromisión, célebres imágenes tomadas en un contexto temporal que inicia a partir de la caída del Muro de Berlín. Nos acordamos de los horrores de las torturas de la Prisión Abu Ghraib en Baghdad, la desesperación de los atrapados en las fatídicas torres del World Center, el 11 de septiembre del 2001, la Masacre de Beslan en Osetia del norte (Rusia) cuando un colegio de niños fue tomado por terroristas musulmanes armados en 2004 y brutalmente desalojados por las fuerzas de seguridad rusas, dejando un saldo de más de 370 muertos (17 niños) y tantos desparecidos y heridos. Se advierte una mujer cubierta por la burka islámica y no podemos menos que recordar las horribles lapidaciones y prohibiciones, incomprensibles para nosotras mujeres occidentales, a las que están sometidas estos seres. No queremos juzgar pero es difícil admitir tales prácticas. Otra vez en Rusia, el estrago en el teatro Dubrovka en Moscú (2002), y en esta otra imagen es el turno de Afganistán, cuando un soldado americano lleva a salvo a un niño herido. El horror de Gaza, en Palestina, no se podía omitir. Otra vez, niños, víctimas de los bombardeos israelitas.

En 1955 el Museo de Arte Moderno de N.Y. inauguró una exposición cuya curaduría se debió a Edward Steichen que se llamó La familia del hombre. Esta muestra que fue punto de referencia, en ese entonces, para la historia de la fotografía, quiso enseñar el lado noble, digno, del ser humano. Fotógrafos muy conocidos, fundamentalmente fotorreporteros de las conocidas revistas como Life, etc. fueron partícipes. Quizá porque eran aun años de la posguerra y ese hecho tremendo se quería olvidar, se buscó mostrar el lado positivo del género humano. No obstante, ahora tenemos otras imágenes y también otras intenciones. Quizás ya no hay una gran guerra global pero la violencia, aun con armas bélicas, se ha instaurado cotidianamente en nuestras vidas, y creo pensar por el mundo entero. También la fotografía está más presente que nunca y ha adoptado un cariz familiar, incontenible en su atestiguación cotidiana.

El segundo trabajo de Teresa es más global. Se trata de mapas adosados en la piel de la autora: “como un atlante geográfico en su visión política-social del mundo” expresa la fotógrafa. Los diversos mapas de sitios como Norteamérica, La franja de Gaza, Suramérica, Europa, Asia, Afganistán e Irak, África, terminando con un mapamundi invertido (el mundo está al revés). Visión eminentemente política y cultural que muestra la lucha constante de los pueblos por resistir intromisiones foráneas y colonizadoras, también la persecución de la riqueza, la búsqueda de parte de los pueblos de encontrar sociedades incluyentes y justas y siempre también el abuso de poder, la necesidad de algunas naciones de someter para su provecho a otras naciones. Una historia que nunca termina por resolverse. Edward Said dice en su libro Cultura e imperialismo, “Nadie es ahora solo una cosa. Clasificaciones o designaciones como Indio, mujer, musulmán o norteamericano, no son más que puntos de partida, que si los seguimos en la experiencia concreta luego son descartados” (en Venezuela podríamos decir que “ricos, oligarcas, burgueses”, son palabras y conceptos que también se podrían deconstruir). El mundo globalizado se ha vuelto bastante más complejo y creo que es eso lo que T.C. quiere expresar trayendo en su cuerpo estos mapas del mundo.

Reflejos es el próximo trabajo de Carreño que continuando el hilo de pensamiento de Mapa Mundo, expresa aun mejor el planeta, lleno de contradicciones. Ahora son las armas, los espectáculos masivos como el fútbol y el tutú de una bailarina, billetes, lluvia de dinero en la consecución del afán de lucro, los mass media, niños muertos, cadenas -para expresar el creciente racismo desatado en Europa- y terminar con el cuerpo desnudo visto por unas cámaras que reflejan la alienación que genera el sistema de “comunicación” mundial. ¿Y dónde se encuentra el ser humano en estas dimensiones? Seguramente un tanto perdido y mareado de tanta información, que no resuelve (o muy pocas veces) los problemas reales de la humanidad. La historia, vista desde ese ángulo, es como un tío vivo que no para de girar y estremecerse.

Hace unos años publiqué un libro de fotografías dedicado a 21 fotógrafas venezolanas. Pensé que de alguna manera la fotografía en Venezuela había sido, hasta recientemente, un espacio varonil y hacía falta llamar la atención pública sobre la fotografía femenina. Es verdad que desde hace algunas décadas, en el mundo entero, con muy pocas excepciones, la mujer, ha compartido con el hombre el espacio público y profesional y hasta se ha destacado particularmente, abandonando, en parte, el rol privado, íntimo, familiar al cual había sido relegada. Ahora, idealmente, entre los géneros, los espacios se comparten: el íntimo y el público. En esta publicación, 21 fotógrafas venezolanas, se encuentra una entrevista y obra de Teresa Carreño. Revisando ahora lo escrito, en referencia a la autora, ésta aclara su siempre visión del mundo. La cita que encabeza la entrevista es: “A raíz de esta experiencia de cambios, angustias y contradicciones, se fue formando ese horizonte típico de quien elige poseer una conciencia individual. Naturalmente, este proceso vivencial alteró todo mi sistema de valores, y creo que fue precisamente ello lo que desarrolló mi vena artística y la necesidad de un enfrentamiento social más directo. Sin duda alguna, esta necesidad de indagar en la naturaleza nació también de la incapacidad de vivir la realidad, tal vez, porque a mi parecer, vivimos constantemente circundados por el horror”.

El espíritu de esta declaración está aun presente en los trabajos actuales de la fotógrafa. Ahora, a raíz de esta última muestra, ésta nos declara que “una de las motivaciones que me llevaron a madurar este tipo de obras, fue el haber podido constatar que la caída del muro de Berlín no fue efectivamente el final de la historia como decretado por el mundo occidental, sino más bien el inicio de nuevos conflictos, un nuevo apartheid en un mundo injusto dominado por guerras justas”.

Entonces es justamente ese deseo de la artista de buscar un nuevo espacio para las luchas y las reivindicaciones sociales enfocado en la solidaridad entre los humanos, creando obras desde su interior personal pero también a través de los demás y con los demás, que produce un trabajo interactivo donde todos participan en el acto creativo, y donde la inquietud: ¿Cuáles conflictos recordamos y cuales realmente han sido olvidados? ¿Por qué se habla de guerras y casi nunca de las víctimas? Son, para Teresa, una constante turbación. La obra “Vigilia fúnebre entorno al cuerpo de Nasimi Elhan, militante independista de Kosovo, muerto en la guerra, 1990” es un ejemplo de esta reciprocidad inventiva donde los integrantes (casi nunca actores) rememoran las situaciones dantescas de una de esas guerras atroces luego de la caída del muro de Berlín.

Asimismo, la belleza y su espacio, es una inquietud que acompañan a Teresa para proyectar su trabajo: la fotógrafa quisiera que las páginas de la crónica se transporten al ámbito del museo… de la reflexión cultural… pues la belleza no es sólo un asunto de forma sino también de esencia, de interioridad, de aquello que nos mueve para hacernos seres y sociedades mejores.

Son ahora, los pensamientos y su visualización, a través de la fotografía, que T.C., otra vez, en un contexto más contemporáneo y conceptual,  nos presenta con estas producciones recientes quizás haciéndonos recordar el pensamiento expresado en una estrofa del poema de Walt Whitman Salut au Monde, que dice: “Cada uno de nosotros, inevitable,/ cada uno de nosotros ilimitado; cada uno de nosotros, hombre o mujer,/ con su derecho en la tierra,/ cada uno de nosotros tan divino aquí como otro cualquiera./

 

María Teresa Boulton

 

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